Los expertos en crisis están de moda

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El señor Weinstein niega rotundamente cualquier alegación de sexo no consentido” es la frase que repite una y otra vez a la prensa Sallie Hofmeister, la portavoz del productor Harvey Weinstein. No es una frase más, ni inocente, es una estrategia clara de insistir en un mensaje y dejar por escrito una y otra vez la palabra “consentido”. Sallie Hofmeister tampoco es una publicista más de Hollywood, experiodista de The New York Times y LA Times, es una empleada de Sitrick and Company, una de las mayores empresas de comunicación de EE UU, “más conocida por su trabajo en situaciones sensibles y decisivas”, anuncian en su web. Es decir, es una compañía de relaciones públicas expertos en gestión de crisis.

 El trabajo que puso de moda Kerry Washington en la serie Scandal, inspirada en una de las “apagafuegos” más importantes de EE UU, Judy Smith, es ahora el único sector que está sacando partido y creciendo como nunca a raíz a la ola de acusaciones de acoso sexual en Hollywood, iniciadas tras el escándalo de Harvey Weinstein —que en dias pasados se enfrentaba a las últimas acusaciones de violación narradas por la actriz Kadian Noble en rueda de prensa—.

“Hemos visto un repunte del volumen de trabajo tres veces mayor de lo normal solo en las últimas seis semanas. Yo solo he firmado cuatro nuevos clientes la semana pasada”, contaba Evan Nierman, fundador de Red Banyan, una agencia de relaciones públicas especializada “en comunicación estratégica y gestión de crisis”, que ha contratado a un nuevo agente y fichará a dos más pronto por la entrada de nuevos clientes.

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Tellem Grody PR, otra agencia similar con base en Malibú, muy cerca del centro del huracán que azota la industria del entretenimiento, también ha visto un aumento del 70% en consultas sobre acoso sexual desde que se publicaron las primeras acusaciones contra el productor caído ahora en desgracia y que fue despedido de su propia empresa.

Antes de que las historias de abusos sexuales y de poder salieran a la luz, en EE UU muchas empresas ya organizaban para sus empleados cursos para prevenir y reconocer el acoso sexual, pero todo lo ocurrido y denunciado hasta ahora que se ha extendido fuera de Hollywood les está haciendo replantearse cómo tratarlo y evitarlo y no favorecer situaciones de silencio y desprotección. Y es ahí donde entran estas empresas y agentes independientes expertos en crisis. Muchas organizaciones están ya acudiendo a ellos antes de que tengan constancia de denuncias, solo por si en el futuro ocurrieran. “Hay tantos casos que las empresas quieren protegerse de impactos negativos futuros”, le contaba a la publicación TheWrap Lou Shapiro, un abogado también especializado en crisis. “Han llamado a todos mis colegas a la batalla”, añadía.

La actriz Uma Thurman habla con Harvey Weinstein en una fiesta en 2014.
La actriz Uma Thurman habla con Harvey Weinstein en una fiesta en 2014. CORDON PRESS

Les llaman para saber cómo mantenerse lejos de la prensa o para que les enseñen a redactar convincentes discursos de disculpa. Al contrario de lo que hacen los agentes de prensa o publicistas habituales (que es promocionar a su empleador y sus proyectos), estos expertos en crisis tratan de que estén fuera del flujo informativo, la mejor forma de contener las noticias negativas. De hecho, las últimas semanas han sido un terremoto entre los publicistas y representantes en Hollywood, ya que muchos han decidido despedir a sus clientes acusados de acoso, como el veterano Lewis Kay que anunció que dejaba de trabajar para Louis C.K. El también actor Kevin Spacey es otro que ha perdido al suyo. Y Lisa Bloom, una conocida abogada, abandonó a Weinstein en cuanto las acusaciones se multiplicaron.

Debido a la sensibilidad del asunto y a cómo, desde la industria, creen que por fin servirá para provocar un “cambio sísmico” en una estructura de abuso y silencio que llevaba asentada desde los tiempos del inicio del cine (Shirley Temple lo contaba en sus memorias, Maureen O’Hara ya lo denunció hace 72 años), muchos de estos expertos en crisis también están trabajando desde el anonimato, en un segundo plano oculto para que no se les asocie con los supuestos acosadores.

Anonimato o no, todos están trabajando. Y como su creciente boom depende de lo que dure la crisis, están explotando bien el momento. Cobran por horas y las tarifas oscilan, según el tamaño de la empresa y su localización, entre 300 y 850 dólares (de 250 a 670 euros). Son “gladiadores con traje”, como les llama Olivia Pope en Scandal, pero con trajes caros.

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